La infidelidad
en la mujer, por que lo hacen? Que les lleva a ello?
La infidelidad
no es sólo cosa de hombres. Muchas mujeres son infieles
a sus parejas de vez en cuando, aunque, contradictoriamente,
digan estar enamoradas. Pero, a diferencia de ellos, cuando
tienen aventuras extraconyugales, no suelen buscar sexo sino
sentimientos.
Según
datos estadísticos, casi la mitad de las mujeres (una
cifra similar a la masculina) engaña a sus parejas. O
sea, que casi uno de cada dos maridos o mujeres, engaña
a su pareja.
A las esposas
infieles, cabe señalar, casi siempre se les adjudica
mayor culpabilidad, la razón no es únicamente
el famoso machismo, o un arbitrario sometimiento o menosprecio
de la mujer, más bien se refiere a que, consciente o
inconscientemente, se sabe que ellas, por su naturaleza y por
sus mismas circunstancias de vida, están más protegidas,
menos expuestas a peligros, por lo tanto sus caídas presuponen
mayor malicia. Por ello, y para la sorpresa de muchos, la infiel
conoce muy bien los riesgos de sus actos y se atreve a afrontar
las consecuencias. Es decir, no es un acto de inmadurez.
¿Qúe
provoca el engaño?
Para las
mujeres el tener una aventura extraconyugal no significa necesariamente
mantener relaciones sexuales, sino que puede tratarse de algo
puramente emocional e incluso, platónico. Sin embargo,
consideran engaño desear o querer a otra persona al margen
de su pareja, lo que les hace sentir culpables.
Desgraciadamente,
los engaños son algo habitual en las parejas. Sin embargo,
las mujeres tienen como argumento en su defensa que sus aventuras
pueden, simplemente, ser relaciones afectivas sin contacto sexual.
Puede incluso tratarse de algo platónico pero que, de
alguna manera, ellas consideran traición hacia su pareja
porque lo ocultan.
Y aunque
haya sexo de por medio, también suele mezclarse con los
sentimientos. Son pocas las mujeres que declaran abiertamente
estar sólo motivadas por el sexo cuando son infieles.
Lo piensan
dos veces
De hecho,
a las mujeres les cuesta mucho más dar el paso de acostarse
con alguien, mientras que los hombres funcionan más bien
a la inversa: sus relaciones extraconyugales suelen ser estrictamente
sexuales, sin intención de ir a nada más, y suelen
dejarse llevar por impulsos puramente físicos sin pensar
en las consecuencias que ello pueda tener y sin tener demasiados
sentimientos de culpa...
En general,
no suelen darle demasiada importancia a las aventuras y afirman
seguir queriendo igual o sólo a sus parejas, pese a haberlas
engañado.
De todas
formas, aunque la aventura llegue a ser sexual, las mujeres
tienen necesidad de sentirse queridas, de que haya sentimientos
de por medio. Engañar a sus parejas suele producirles
grandes remordimientos e intranquilidad.
La observación
tiene su importancia, sobre todo por lo que se refiere a la
posible reacción del cónyuge traicionado, en este
caso el hombre, que por lo general no le quedan ánimos
para perdonar y seguir creyendo en el amor, tampoco tendrá
alientos para vivificar ese amor, renovarse y reconquistar los
vínculos que lo unieron, en su momento, a la compañera
de su vida.
Para muchos
no hay infidelidad más que en el franco adulterio. Esto
es una idea equivocada. De hecho, no suele darse ningún
adulterio que no vaya precedido de actitudes que lo prepararon.
Estas actitudes pueden comenzar con un simple pensamiento y
manifestarse en una gentileza extrema hacia otra persona que
no es el esposo. Mucho cuidado, pues en el simple prodigar inmoderadas
atenciones que corresponderían al esposo, en este caso,
ya se comienza a gestar la infidelidad femenina.
La mujer
comienza a ser infiel de una manera muy sutil, puesto que, empieza
con los sentidos, con los pensamientos, con los deseos, y pasa,
en un segundo momento, a las actitudes y hechos bochornosos,
hasta volverse, en muchos casos, en el estado adúltero
habitual.
Por otro
lado, cuántas parejas conocemos en las que uno persigue
y el otro ruega, en la que uno lastima y el otro se culpabiliza.
De este círculo vicioso se pasa a la otra figura geométrica:
el triángulo, que sirve de escape ante una situación
que demanda mucha entrega y da muy poca satisfacción.
La infidelidad
es una de las formas más comunes de tratar de evadir
el intenso dolor emocional que sentimos cuando nos enfrentamos
al vacío interior. Sin embargo, no se puede huir de éste.
El qué
dirán...
Una mujer
casi siempre tiene en cuenta el daño a su pareja y su
medio social, sobre todo "el qué dirán",
frente a la posibilidad de tener una aventura y, antes de tenerla,
sopesa fríamente los "pros" y los "contras".
Puede ser
infiel de manera premeditada, organizada e incluso práctica,
teniendo en cuenta, por ejemplo, si sus horarios o sus obligaciones
se lo permiten.
Otro factor
determinante que una mujer suele considerar antes de tener una
aventura, es si su relación matrimonial le satisface.
Generalmente, una mujer contenta con su pareja no tiene aventuras
ni se deja tentar.
La satisfacción
sexual parece no tener demasiada influencia en este hecho, ya
que las mujeres suelen buscar aventuras de tipo emocional. Puede
que el sexo les funcione de maravilla con su pareja pero necesiten
una dosis de pasión, misterio o cariño.
Es por esto
que ante el aumento de divorcios y de matrimonios cada vez más
breves, parece utópico pensar en un "amor para toda
la vida". Sin embargo, sí existen parejas que han
permanecido juntas por décadas, y según su experiencia,
ellos coinciden en que es imprescindible saber ser amigos, el
buen humor, el respeto y mantener el deseo y la voluntad de
durar unidos toda la existencia, ahora la pregunta es ¿estamos
realmente dispuestos a asumir el compromiso de la fidelidad
en nuestra relación? ¿o solo estamos engañándonos
a nosotros mismos?